Tarde muy calurosa en Madrid, tarde de expectación o por lo menos de esperanza con la composición de un cartel que era de los que la afición apunta como uno de esos que no hay que perderse. Bueno, pues sin llegar a la decepción, salimos algo tocados con el juego de los toros de Alcurrucén. Nobles, bien presentados salvo el tercero, no destacaron por nada mas que por la sosería que pasearon por la plaza.
También pasa factura, la falta de medida en los trasteos de los matadores. No puede ser que los tres fueran avisados, sin ningún motivo, cuando desde el tendido se les está pidiendo que abrevien, que está todo visto y ellos erre que erre. No es solo hoy, lo llevamos sufriendo desde tiempo ha, pero les da igual. Y otro asunto que se está poniendo de moda es pedir el cambio de tercio desmonterandose y haciendo el gesto al palco. ¡ Algo tendrán que hacer los alguacilillos! Estamos en Madrid, y no estaría de mas, por si se les ha olvidado, que el delegado de la autoridad avisara a los diestros de lo que se debe de hacer.
Le dio una oreja a David de Miranda, el señor presidente, tras un bajonazo curioso. En este toro hubo un tercio de quites de los que no se ven. Víctor Hernández, y David de Miranda alternaron, con saltilleras, chicuelinas, tafalleras, gaoneras, con la magnanimidad del onubense que dejó repetir al madrileño. El comienzo de la faena con unos estatuarios fue lo mas aplaudido.
Fortes dio una buena serie con la izquierda en el que abría plaza, pero se acabó pronto y mató mal, como en el cuarto y Víctor Hernández lo intentó con valentía ante el tercero, al que no se picó, y brindó al público el sexto que también se acabó rápido. Todos mataron a la última y eran ya las diez menos veinte cuando bajabamos la escalera para coger la calle Alcalá.
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