Trece de mayo. Quinta de feria con buena entrada y tiempo aceptable, aunque soplara un vientecillo algo molesto. Toros de Partido de Resina, lo que antes fue Pablo Romero, para el que no lo sepa. Descastados hasta decir basta, bien presentados, alguno hasta bonito, tiraron por tierra la tarde con la ayuda de los matadores.
La tarde se hizo pesadísima, infumable, con el deseo de irnos a casa a la de ya, pero aún quedaba la traca del sexto. Correspondía a Colombo, torero etiquetado como banderillero, y claro está con la obligacion de banderillear. E hizo el intento sin tener en cuenta que el toro no se prestaba, como el resto del encierro. Ya en el tercero estuvo mal y en este fue peor. Tras intentar por dos veces acercarse a la cara del toro y no arrancarse este, delegó en los banderilleros, los cuales fueron incapaces de prenderle mas de dos palos. La plaza calentita, y al presidente no se le ocurrió mas que cambiar el tercio. Se cabreó el personal, con razón, pero entendí el cambio. Que necesidad había de ver pasar penurias a esa cuadrilla, cuando su jefe había dimitido de su condición de rehiletero. No recuerdo haber presenciado en la plaza esa cesión de palos.
Ferrera tapó un poco la condición del cuarto, aunque no se valorase y Calita estuvo por allí, sin decir nada.
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